Isabel Is My Name convierte la ropa en un archivo de recuerdos en su nueva colección

La firma presenta en EGO, dentro de MBFWMadrid, ‘Conservación afectiva’, una propuesta que reflexiona sobre nuestra necesidad de guardar aquellas prendas capaces de mantener vivos momentos, vínculos y emociones

Cortesía de Isabel Is My Name

¿Por qué conservamos una prenda que sabemos que probablemente nunca volveremos a utilizar? Un vestido de novia, el chal que envolvió a un recién nacido, una chaqueta que todavía conserva el aroma de alguien o una pieza tejida por una madre o una abuela. Isabel Is My Name encuentra en ese gesto cotidiano y profundamente emocional el punto de partida de su nueva colección.

La firma ha presentado en EGO, dentro de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, Conservación afectiva, una propuesta prêt-à-porter para 2026-2027 que explora la relación entre moda, memoria y paso del tiempo bajo una premisa: «El cuerpo vestido como soporte del tiempo».

Cuando una prenda deja de ser solo una prenda

La colección nace de la necesidad humana de guardar y conservar aquello a lo que atribuimos un valor emocional. Prendas y objetos que han perdido su función original, pero que permanecen con nosotros porque continúan vinculados a una persona, un momento o una experiencia.

El propio relato de la colección recurre a recuerdos íntimos: la ropa de una hija cuando era bebé, un chaleco negro de lana tejido por una madre o esos vestidos de novia que permanecen guardados durante años aun sabiendo que posiblemente nunca volverán a utilizarse.

Así surge el concepto de «conservación afectiva», entendido como un intento de suspender la pérdida a través de los objetos. Un chal, unos zapatos heredados, un mantel tejido a mano o una blusa asociada a un último abrazo adquieren una dimensión que trasciende su utilidad y los convierte en depositarios de recuerdos.

La moda como dispositivo de conservación

Isabel Is My Name traslada esta reflexión al vestuario y plantea la prenda como un dispositivo de conservación, una suerte de archivo emocional en el que el tiempo puede detenerse, congelarse o permanecer asociado a aquello que vestimos.

La propuesta se inscribe además dentro de la visión de la firma sobre el vestuario atemporal y su Hybrid Upcycling System, vinculando la creación de nuevas piezas con una manera de entender la moda alejada de su carácter puramente efímero.

Sobre la pasarela, esta idea se materializa a través de siluetas que juegan con superposiciones, volúmenes y contrastes de texturas, con tejidos que evocan piezas heredadas y elementos artesanales. Encajes, prendas de líneas depuradas, largos pronunciados y accesorios como guantes acompañan una colección en la que el propio estilismo contribuye a esa sensación de memoria y permanencia que vertebra el discurso.

Cortesía de Isabel Is My Name

Una colección sobre aquello que decidimos conservar

Bajo la dirección creativa de Isabel Peña, Conservación afectiva utiliza así la moda para plantear una reflexión universal: nuestra dificultad para desprendernos de determinados objetos no siempre tiene que ver con su valor material, sino con aquello que representan.

Porque hay prendas que permanecen en un armario mucho después de haber dejado de cumplir la función para la que fueron creadas. Y precisamente en esa permanencia Isabel Is My Name encuentra el hilo conductor de una colección que propone entender el vestuario como un archivo íntimo capaz de preservar parte de nuestra propia historia.

La presentación contó además con la colaboración de Lisi Fracchia Joyería, Guantes Varadé y Good bye, Rita. en los accesorios que acompañaron los looks.

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